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La Playa de los cristales rotos : LAXE

Playa de los Cristales

Hacemos playas con basura. Como si toda una ciudad decidiera, por absurda que parezca, cerrar los ojos y convertir una esquina con vistas al mar en un contenedor verde. Pero no podemos decir que hicimos playas con cubos de basura. Como si toda una ciudad decidiera, por absurda que parezca, cerrar los ojos y hacer una esquina frente al mar, un contenedor verde. Pero no puedes decir qué le pasa a este lodo, a este lodo, a este lodo, a este lodo, a este lodo, a este lodo. Si el mar nos parece desconocido, más lo seremos nosotros.
Porque cuando hicieron lo mismo en Laxe – tirar botellas al mar – les devolvieron una playa de arena de colores a lo largo de los años. No es apto para nadar -las corrientes son terribles- pero tampoco se le permite llevar las piedras. Lo miras, pero no lo tocas.
No es sólo en Galicia donde queremos ser diferentes: los antiguos vertederos convertidos en playas espectaculares se encuentran en otras partes del mundo. Cerca de Fort Bragg, en el condado de Mendocino, California, se encuentra Glass Beach, que en su día fue un vertedero de basura donde arrojaban botellas, electrodomésticos e incluso vehículos que se quemaban cuando las cosas salían mal.
O en Asturias, al sur de Luanco, está la Playa de Bigaral, ahora conocida como la playa de cristal, que también era un basurero.

Lo mismo puede decirse de la playa rusa de la bahía de Ussuri, en la región de Primorsk, que en su día fue un vertedero de botellas de vidrio y porcelana de una empresa cercana. Hoy en día, muchos usuarios lo llaman paraíso en la tierra debido al extraño paisaje: esperan encontrar una pocilga y no una playa colorida con aguas claras y turquesas.
Se encuentra al oeste del Cabo de Laxe, en la Bahía de Baleeira, nombre del antiguo ballenero. Antes de tener otro nombre, Areal dos botiños. El botiño -en gallego- es el delfín mular, como el de Delfy y sus amigos, el más famoso de los delfines, que se dice que es el más inteligente después de los humanos, y es común verlo a lo largo de la costa.
Esta playa de arena gallega se encuentra justo debajo del cementerio, desde donde un camino rehabilitado conduce a la playa. Y podría haber sido más espectacular de lo que ya es. La Xunta de Galicia comenzó a limpiar en 2004, pero bajo la presión de los vecinos y de las asociaciones ecologistas, se detuvo. Pero las tareas de limpieza llegaron a eliminar la mitad del vidrio y no había forma de restaurarlo. También se les unió un fenómeno global.

Durante cuatro años, de 1998 a 2002, la serie Mareas Vivas se emitió por televisión, casi íntegramente rodada entre Laxe y Corme, apoyando a jóvenes personalidades como Luis Tosar, Isabel Blanco, Luis Zahera o Carlos Blanco.
De hecho, en la misma playa muere uno de sus personajes, el de Currás, interpretado por Miguel de Lira, que trata de salvar a su peor enemigo de ahogarse, Taracido – interpretado por Víctor Mosqueira – se salva y Currás se va al fondo del mar – en Galicia, ya sabes, el drama y la epopeya siguen a bordo. El yeso para los vecinos quería dejarlo como estaba, porque ya formaba parte del paisaje local.

 

MÁS ALLÁ DE LOS CRISTALES

Mientras estemos en tierras gallegas, haz lo que veas. Además de Laxa, con sus casas y galerías de piedra, su puerto y su playa, la región tiene excusas, como una buena excursión a la increíble coalición de dolmen Dombat, algo así como una catedral del Neolítico, situada en el municipio de Cabana de Bergantiños, en la parroquia de Borneiro, a 11 km de Laxa.
O dar un paseo por las playas de Traba o Soesto. Y como toque final, sepa que Laxe tiene una ría, y la comparte con Corme, que tiene, al norte, la región de O Roncudo, famosa por sus percebes. Toda esta zona pertenece a la llamada Costa de la Muerte debido a la multiplicidad de naufragios, fuertes corrientes y riesgos extremos asociados al trabajo de los percebes.
Ya sabemos, las cosas de la vida y la muerte. Irónicamente de drama y recreación, el cristal que tiene la playa está hecho de dióxido de silicio (SiO2), que es el componente básico de la arena. Dicho esto, drama y epopeya. Vienes del polvo, te convertirás en polvo, pero ni siquiera pienses en tener una memoria como una memoria.
Estoy enturbiando este lodo. Si el mar nos parece desconocido, más lo parecerá.
Porque cuando hicieron lo mismo en Laxe – tirar botellas al mar – les devolvieron una playa de arena colorida a lo largo de los años. No es apto para nadar -las corrientes son terribles- pero tampoco se le permite llevar las piedras. Lo miras, pero no lo tocas.

No es que queramos ser diferentes los gallegos, es que lo somos: los antiguos vertederos que se convierten en playas espectaculares se encuentran en otras partes del mundo. Cerca de Fort Bragg, en el condado de Mendocino, California, se encuentra Glass Beach, que en su día fue un vertedero de basura donde se tiraban y quemaban botellas, equipos e incluso vehículos cuando las cosas salían mal, y que ahora es un lugar inclasificable.
O en Asturias, al sur de Luanco, está Bigaral Beach, ahora conocida como Crystal Beach, que también era un vertedero. Lo mismo puede decirse de la playa rusa de la bahía de Ussuri, en la región de Primorski, que en su día fue un vertedero sanitario para botellas de vidrio y porcelana de una empresa vecina. Hoy en día, muchos usuarios lo llaman un paraíso en la tierra debido al extraño paisaje: esperan encontrar una pocilga y no una playa colorida con agua clara y turquesa.

 

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